"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios."
Juan 1:12-13
Este pasaje de la Palabra de Dios muestra una gran promesa hecha para quienes reciben en su corazón al Señor Jesucristo. Recibir a Jesucristo en nuestra vida significa reconocer su naturaleza divina como hijo de Dios, aceptar que por medio de El actua la gracia de Dios, recibimos el perdon de los pecado y somos hechos hijos de Dios.
Para ser dueños de esta promesa solo debemos confesar y expresar con palabras desde lo profundo de nuestro corazón que creemos y recibimos a Cristo en nuestra vida, con una actitud de arrepentimiento confesarle nuestros pecados para recibir el perdon y convertirnos en discipulos de sus enseñanza. En este proceso de reconversión no estaremos solo, seremos guiados por el Espiritu Santo.

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